De pronto, por circunstancias inesperadas, una semilla desconocida llega a mis manos.
Su textura, su forma, su tamaño... no me resuenan a otras semillas más conocidas en mi ambiente. Pero ella tiene algo que de forma indescriptible me dice que es la indicada, que en sus potencialidades está la clave para que yo descubra un nuevo camino, en el que sembraré mi propios frutos. Nunca en mi vida hubo objeto que me mostrara con tanta claridad que podía confiar en la entrega a la experiencia de plantar algo diferente.
Diferente. Distinto, Innovador. No tenía que ver con negar lo que existía hasta ese momento. Sino que el reconocimiento al origen es lo que permite poder elegir qué camino tomar y cómo crear nuevas formas de plantar nuevas semillas, en qué lugar, con quienes... Cada movimiento con precisa conciencia y responsabilidad.
Así que la planté, elegí el lugar con cuidado y confié.
